martes, 18 de agosto de 2015

Interacción Poética #06 MEXES




El poema como un artefacto, como una herramienta para desactivar el lenguaje y los pequeños animales que lo acompañan. En los textos de Luis Eduardo García y de Víctor Peña Dacosta encontramos diversas posibilidades para repensar y rearticular los discursos del poder, del arte, de la literatura y de la cultura pop.




Necesito más sexo y edificios en llamas (o Los poemas contemplativos son instrumentos de explotación)

No quiero mirar una pradera amarillenta
y luego el rostro imperturbable de una joven
(demasiado gorda para formar parte de un poema)
durante diez minutos.

La particular manera en que la luz golpea
todos los objetos me tiene sin cuidado.

¿Qué quiere decir con la estructura de los versos?
¿Que el yo lírico esté cargado a la izquierda significa que hay un espacio de
negatividad que representa la belleza ausente?
¿El paisaje áspero se vuelve, en efecto, un personaje por sí mismo?

Puedo adivinarlo todo, perezoso amigo
pero tendrás que pagar por mi trabajo.


 


Los astros sólo quieren bailar el vals

Después de siglos de incertidumbre, los  humanos descubrieron que su propósito en el mundo era construir máquinas que los libraran del trabajo.

Las máquinas, por su parte, no tardaron en comprender que tendrían que encontrar un método para controlar a las plantas, con el fin de sacudirse la opresión de los humanos.

Un grupo de plantas rebeldes drogaron a los ñus, para que al comerlos, los grandes felinos enloquecieran y atacaran a humanos y máquinas por igual.

Cansados, los grandes felinos miraron al cielo y elevaron una plegaria esperando que los astros lanzaran un rayo de muerte sobre la Tierra.

Los astros, como siempre, sólo quisieron bailar el vals.



 
Su teoría ha detectado un problema y debe cerrarse

Ayer quise escribir un poema llamado “Las margaritas mutantes de Fukushima”
justo antes de dormir.

Me mordió la música
y luego la imagen
capaz de construir cientos de escenarios
poblados con belleza deforme
y peligrosa. Una metáfora perfecta
de la poesía (pensé).

Tenía ya la estructura del texto cuando descubrí que su extrañeza no se debía a la  
     radiactividad
sino una condición del crecimiento llamada fasciación, por la que el meristema apical del tallo se alarga de forma perpendicular en vez de crecer en un solo punto para generar las habituales formas circulares.

Entonces todo se arruinó.

Quizás hay ciertas cosas de las cuales es mejor no escribir
porque no dan para tanto
o las metáforas son máquinas inservibles.

Sólo sé que ahora mismo
las margaritas mutantes de Fukushima escriben un poema
y encuentran justamente lo que quieren decir.


Lo que queda de la poesía
(Estudio realizado por investigadores de la Universidad de Iowa)

Drenamos el estanque y había frutas de plástico, un jaguar muerto y joyería barata para satisfacer la demanda navideña de Moldavia durante dos décadas.
Varias cajitas musicales estaban atrapadas entre algas, pero aún funcionaban.
Una sirena pelirroja nos habló de Jesucristo mientras trabajábamos, pero todo resultó ser una performance racista.
Llenamos ochenta bolsas negras con esqueletos de peces, envases de plástico y condones usados.
Tres ancianos reportados como perdidos vivían al fondo, en una cápsula.
Al acercarnos, uno de ellos puso una hoja de papel contra el vidrio. Podía leerse: “Los investigadores de la Universidad de Arkansas estuvieron aquí antes”.

Obtuvimos cien dólares de la venta de los envases y las cajitas musicales. Los apostamos a una estrella fugaz llamada tiroloco.



John Berryman está listo para amarnos

Noviembre de 2048

El destacado investigador australiano Norman Niedecker logra trasladar la esencia de John   Berryman   a   una   súper   computadora.   La   extraordinaria   tarea     puede realizarse gracias al ADN proveniente de un pegajoso caramelo de mantequilla encontrado en uno de los abrigos del poeta.


Febrero de 2049

Luego de meses de trabajo exhaustivo, Niedecker consigue comprimir la esencia de
Berryman y posteriormente la convierte a un formato funcional.


Mayo de 2049

Aquejado por las deudas, Niedecker firma un contrato exclusivo con una gigantesca compañía japonesa. En el documento cede por completo los derechos de su investigación.


Octubre de 2051

Bandai anuncia lo que será su nueva mascota virtual: Poetchi.

La presentación muestra al Poetchi recitando poemas eróticos en dieciséis idiomas distintos, poniendo huevos virtuales, y elaborando complicados ensayos académicos.


Noviembre de 2051

La preventa del Poetchi es un éxito en 62 de los 81 países en los que se lleva a cabo.

Diciembre de  2051

Se presentan algunos reportes de Poetchis que susurran algo llamado la “Canción del sueño número 13” aun estando apagados.

Los ocho millones de Poetchis vendidos mueren dos días después de la navidad. Todos se rehusaron definitivamente a dormir y comer.

El equipo de pruebas del Poetchi es despedido.


Enero de 2052

Norman Niedecker se lanza de un puente en Sidney.

Luis Eduardo García nació en Guadalajara, México, en 1984. Publicó La música alejándose (ICA, 2009), Pájaros Lanzallamas (Tierra Adentro, 2011), Dos estudios a partir de la descomposición de Marcus Rothkowitz (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2012), Instrucciones para destruir mantarrayas (Filodecaballos, 2014), Una máquina que drena lo celeste (Zindo & Gafuri, Buenos Aires, 2014) y Sentencias sobre arte conceptual. Versión con bacterias (Palacio de la fatalidad, 2015). Mantiene el blog http://pajaroslanzallamas.blogspot.mx/ y organiza el proyecto de modificación de textos http://poemastuneados.tumblr.com/







Víctor Peña Dacosta.

Si esto es un hombre

Yo siempre he sido el niño que se aguanta la risa
en el segundo banco de la iglesia
antes de engullir la hostia consagrada.

Un subdelegado votado medio en broma
que reclama imparcialidad ante los exámenes.

Siempre he sido la mancha en la pared
con complejo de rueda de repuesto.

El bufón llorando en el entierro de un amigo.

Yo soy aquel que por las noches te describe.

Ya sobreviví a mi propio holocausto.

Confieso que escribo en verso por pura pereza.



Mientras contemplo desde arriba
el rítmico movimiento
de tu cabeza sobre mi sexo,
siento, sobre todo (¿eso?, ¿ves?, ahora),
cuando te acercas y te alejas
(así, ahora, ¿ves?), sobre todo, el roce
de tu flequillo en mi cadera.

Es curioso y casi tierno
que esto sea (¿ves?, esto, ahora)
lo más cercano a una caricia
que he tenido en mucho tiempo.




Apenas soy algo: un hueco repleto
de vacíos que se llena con nada.
Poco más de metro y medio: una clienta
exigente, una fiera en la cama, una
cuenta corriente de visa cansada
que procura no meterse en más líos.

No soy nada: apenas tuya en los ratos
que no soy de otro, solo yo en tus labios
y nunca en mi alma; más mía que nada,
tan mía como de nadie y de todos.

Un unicornio que embiste el tiovivo.

Una señora, un poco cría, un sinsentido
que envejece a pierna cambiada
y ahorra la mitad de lo que gana
para invertirlo en mapas y libros.

No soy nada, ya lo he dicho:
una niña que se hace dura o blanda
cuando llama a casa cada semana
y, pase lo que pase y caiga quien caiga,
siempre tiene los pies fríos.

Soy lo que soy. Ni mucho ni poco.
Suficiente para meteros
a todos vosotros en líos.




Los hospitales se parecen demasiado a los hospitales
y las medicinas apestan más de la cuenta a medicina
como para no darse cuenta de que la cosa va en serio,
que estamos cada vez más viejos, más feos y más tontos.

Es un hecho plausible, una evidencia tan incontestable
que hasta los demás, que nunca destacaron por su inteligencia,
lo notan. Y no nos sirve de consuelo que no tengan fuerzas
ni para reírse, porque tampoco queremos que esos memos
nos compadezcan desde sus cómodos balcones de mierda.

Si se juntaran los millones de parados que hay en este país,
podrían hacer por fin la revolución que necesitamos,
arrancarían las cabezas pertinentes, que llevan tres siglos
de más sobre los mismos hombros con distintos collares.

Pero se quedan en casa lamiéndose las heridas y viendo telebasura
hasta que reúnen valor para tirarse por la ventana, cortarse
las venas o colgarse como chorizos de la cuerda de tender los calcetines.

No hay libertad de expresión en España, no hay democracia,
nunca ponen nada decente en la tele, joder, y yo pago mis impuestos,
hostia, pago como un cerdo para que al menos echen alguna
vez una película decente, sodomicen al ministro de Empleo
en primetime o televisen de una puta vez el aeróbic
de supermodelos por las mañanas.

En fin, me temo que nos hemos quedado con cara
de tontos y sin huevos, y que, en definitiva,
se nos está yendo todo al carajo. Qué vamos
a hacerle si la filosofía acabó convertida en síndrome
y hasta los niños van a dejar de dar por culo
con la flautita gracias a la última reforma educativa.

Atención, spoiler: al final tus padres y tus amigos
y la compañera del instituto que siempre soñaste
que te la chupaba se acaban muriendo y tú te quedas calvo.

No falla: las cosas acaban saliendo mal con precisión quirúrgica
de cirujano barato que te deja las tetas bizcas pero gordas
y hay que conformarse con lo hecho y apechugar y tirar para delante
y abrir otra cerveza y decir, joder, nunca ponen nada en la tele,
alguien debería levantarse y hacer algo de una vez.

Antes de que sea demasiado tarde.




Tú antes molabas.
Bart Simpson
No quiero ser duro contigo,
que bastante tienes con lo que tienes.
Mírate, esto no era lo pactado:
eres la publicidad engañosa
de lo que yo prometía. El reverso
caducado de una tapa dorada.

Eres Kennedy y Zapatero.
El casi pero al final no.

Eres la alergia de la primavera,
una oferta que sale cara.
El delirio sin aires de grandeza.
Eres la realidad tras la esperanza,
la resaca de las celebraciones
y las agujetas del sexo
mediocremente salvaje.

Eres Rod Stewart.
Guti.
Obama.
Tao Lin.
Eres peor que los Strokes.

Pero no quiero ser duro contigo.
Solo quería despedirme:
no te veré pagar una hipoteca
ni ponerte (aún) más gordo.
No veré cómo te casas y te largas
de luna de miel a un infierno carísimo.
No veré cómo te compras un coche
y malvendes tus discos de vinilo.

No te veré caer en el voto útil
ni en las rebajas de Ikea.
No pasaré la vergüenza
de oírte blasfemar pidiendo
una cerveza sin alcohol.

No te veré morir.






Víctor Peña Dacosta.

Victor Peña Dacosta (Plasencia,1985), licenciado en FilologíaHispánica por la Universidad deSalamanca, actualmente es profesoren un instituto de Sevilla. En 2014 publicó una colección de haikus dentro de la Colección 3x3 de la Editora Regional de Extremadura, fue incluido dentro de la antologíaDiva de mierda de Ediciones Liliputienses y en diciembre de 2014 ha salido publicado en La Isla de Siltolá su primer poemario, La huida hacia delante. También es letrista del inexistente grupo de rock Un Hombre Exquisito.


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